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Sitges

Sitges, antiguo pueblo de pescadores situado al pie del macizo del Garraf, con unos orígenes míticos en la “Blanca Subur” –la ciudad íbera descrita hace 3.000 años por los navegantes griegos–, es hoy un destino destacado en el mapa del turismo internacional y centro privilegiado de congresos, convenciones e importantes actos culturales. El prestigio cosmopolita de Sitges nació hace más de un siglo, cuando Santiago Rusiñol se instaló en la ciudad y la convirtió en uno de los puntos de encuentro de artistas e intelectuales adscritos al movimiento modernista. Desde entonces, Sitges ha estado relacionada con el arte y el turismo. Basta con pasear por el municipio para entender por qué: Sitges tiene una luz especial que cautiva.sitges

En las calles del primer tramo del recorrido (saliendo de la plaza de la estación del ferrocarril dirección a la plaza del Cap de la Vila), se puede apreciar parte del legado de los “americanos” que contribuyeron durante un siglo y medio al desarrollo urbanístico de Sitges; con aires de modernidad, promovieron la demolición de las antiguas murallas, la llegada del ferrocarril y la construcción de nuevas casas siguiendo los diversos estilos arquitectónicos de la época: modernista, neoclásico, ecléctico y noucentista.

En la avenida de Artur Carbonell y en las calles de Francesc Gumà, Sant Isidre e Illa de Cuba se observan diversas casas de “americanos”. Concretamente en la calle Illa de Cuba se halla Villa Avelina, en el número 37, un edificio modernista construido por el arquitecto Gaietà Buïgas –el mismo que diseñó el monumento a Cristóbal Colón en Barcelona–, y la casa Manuel Planas i Carbonell, en el número 21. Se aconseja prestar atención a los detalles con hierro forjado, cerámicas y carpintería. La utilización de estos materiales en la arquitectura fue lo que marcó y diferenció el movimiento modernista y elevó los antiguos oficios de herrero, ebanista y ceramista a la categoría de arte.

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Los “americanos” fueron también los primeros impulsores de las actividades de ocio que acogían entidades como el Casino Prado Suburense, en la calle de Francesc Gumà, posteriormente sede de las fiestas modernistas organizadas por Rusiñol entre los años 1892 y 1899.

En la plaza del Cap de la Vila destaca por su forma de proa la casa Bartomeu Carbonell (la Casa del Reloj). El paseo puede proseguir por la calle Major para llegar a la plaza del Ajuntament, donde se halla el antiguo Mercado, una interesante muestra de la arquitectura modernista concebida para uso público, en la actualidad centro de exposiciones. Al lado, el ayuntamiento, de estilo gótico civil construido en 1889 sobre los cimientos y las paredes maestras del castillo medieval.

Muy cerca, rematando la Punta, una de las iglesias más fotografiadas de Cataluña: la Iglesia de Sant Bartomeu y Santa Tecla, construida en 1670.

Es preciso detenerse en la plaza del Baluard para disfrutar de la brisa mediterránea, de la calma que ofrece la amplia panorámica del mar y del paseo que se extiende hacia el oeste con dos kilómetros de playas. Caminando hacia levante, se tiene una visión única del Racó de la Calma, del Cau Ferrat y del conjunto de Maricel, con el puente que une los dos edificios: el Maricel de mar y el Maricel de tierra.

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En 1892 y 1893, Rusiñol compró dos casas de pescadores del siglo XIV construidas a orillas del mar. Las derribó y levantó el Cau Ferrat, su casa taller. Por el Cau Ferrat y Sitges pasaron los artistas más importantes de finales del siglo XIX. Dos años después del fallecimiento de Rusiñol, en 1933, el Cau Ferrat se convirtió en el Museo Cau Ferrat.

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Frente al Cau Ferrat se erige el conjunto de Maricel, construido sobre el antiguo hospital de Sant Joan (siglo XIV). El financiero estadounidense Charles Deering, amigo de Ramon Casas, atraído por el ambiente bohemio del Sitges de la época, lo compró junto con dos casas de pescadores para hacer un palacio que fuese residencia y museo. Encargó las obras y los elementos arquitectónicos al polifacético Miquel Utrillo, quien aprovechó una parte de la construcción medieval. Actualmente, los salones del palacio Maricel y las terrazas decoradas con cerámica popular se utilizan para celebrar recepciones, congresos y visitas guiadas en verano; la parte de mar alberga el Museo Maricel.

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Hacia el este, al final de la calle de Fonollar, se abre el baluarte Vidal i Quadras, desde donde se puede disfrutar de una vista fantástica sobre la playa de Sant Sebastià, que invita a dar un corto paseo bordeando el mar hasta llegar al cementerio viejo. El cementerio aloja un conjunto de esculturas modernistas de Reynés y Josep Llimona, entre otros.

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Se recomienda regresar a la plaza del Baluard y bajar al paseo de la Ribera, donde destacan los edificios de los números 17, 18, 20, 22 y 29, las casas Antoni Serra Ferrer, Francesc Robert Yarzabal, Simó Llauradó, Marina Planas e Isabel Ferret Martorell, respectivamente, y el monumento a el Greco, testimonio de la admiración de Rusiñol por la figura y la obra del gran artista cretense, y de su capacidad de animar a todo un pueblo a hacer una suscripción popular para erigir dicho monumento. Se puede continuar por el paseo Marítim y contemplar las mansiones de la zona residencial del Terramar, primera ciudad jardín de Cataluña (1918-1933), donde se encuentran, también, los jardines de Terramar. A principios del siglo XX, Sitges se convertiría en uno de los principales centros de la arquitectura noucentista y uno de los primeros centros de veraneo de la burguesía catalana. Continuando con el paseo se llega hasta el Santuario de la Virgen del Vinyet, uno de los símbolos más tradicionales de la identidad de Sitges. El culto a la Virgen está documentado desde el siglo XIV. El actual edificio fue construido entre los años 1727 y 1733.

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Si se regresa a la ciudad por el mismo paseo de la Ribera, hay que torcer a la altura de la calle de Bonaire para llegar al Museo Romántico Can Llopis. En esta formidable casa, construida fuera de las murallas en 1793, podemos apreciar el esplendor de una época en que el comercio con América fue el motor de la economía de Sitges y de su comarca.

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Se aconseja no olvidar otros lugares de interés, como el edificio del Hospital de Sant Joan Baptista, construido entre 1910 y 1912, una interesante obra del arquitecto Josep Font i Gumà rodeada por un gran jardín. El hospital –actualmente residencia– cuenta con varios atractivos que invitan a visitarlo: la capilla, con un retablo del siglo XVI pintado por Jaume Forner, los viñedos de moscatel adyacentes y, sobre todo, la bodega donde se elabora la apreciada malvasía de Sitges y también el moscatel.

Ya fuera del núcleo urbano, a 10 minutos en coche por la C-31, o en tren, se halla el pequeño núcleo de Garraf, con la característica hilera de casitas de baño en la playa y el Celler de Garraf, obra de Gaudí y de su discípulo Francesc Berenguer, magnífica muestra de arquitectura modernista que alberga actualmente un restaurante.

Con la participación de:

GARRAF TURISME

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